La vida puede ser así de rápida


El desierto presencio nuestra llegada, un grupo de 9 que se conocieron en la playa de Paracas. 
Viajamos desde ese pueblo pequeño pero muy turistico hacia La laguna de Morón con la idea de pasar una noche y disfrutar de una aventura improvisada que se generó tan rápido y coordinado como un juego de dominó.
Ninguno de nosotros sabía exactamente como llegar, pero basto con la fuerza que generan 9 viajeros entusiastas para enfrentar a algo desconocido, una chica ya conocía el lugar y nos motivo aún más para ir. Fuimos en grupos de cuatro en el que yo y mi perro Mancha me sume en la Kombi de atrás. Viajé con Jaime y Monica, una pareja de Colombia y con Beatriz y su amigo Michael de Brasil.
Adelante en la siguiente Kombi todos argentinos, Fede el dueño de la Kombi junto con sus 2 perros, Belu, Mati y Cata.
Durante el trayecto la Kombi de Fede que se llama Ojo nómade se quedó parada un buen rato hasta que se enfriara el motor ya que el calor era algo fuerte. Pero sin mayor inconveniente llegamos hasta la entrada de la Laguna, había que caminar 1 km para tocar el agua, pero como en Paracas nos juntamos tipo 11 am y entre una y otra se hicieron las 3pm todos andábamos con mucha hambre. Hicimos unos espaguetis con verduras y salsa de tomate. Antes de que caiga la noche nos fuimos hacia la laguna pero no nos quedamos ahí, si no más bien no subimos a un médano de arena bastante alto para poder ver el horizonte y poder disfrutar del atardecer más hermoso que he visto hasta ahora. Lo disfruté mucho porque estaba acompañado y éramos varios disfrutando lo mismo. Tan solo disfrutaba del silencio, de la brisa rosar mi rostro y del cielo cambiando sus colores. El frío se puso algo fuerte y aunque estaba acompañado, el no tener abrigo me obligó a bajar y regresar al campamento. La caminata hacia el lugar se hizo lenta ya que las estrellas y los planetas nos detenían a observar. El viento casi no soplaba ahí abajo así que tampoco había apuro por regresar.
Una vez todos en el campamento, la música comenzó a sonar gracias a la habilidad de Mati y Fede. El rasguido de la guitarra entonó música argentina y empezamos a cantar en medio de las dos kombis que detenían un poco el viento y mientras rodeamos la fogata que nos mantenía calientes, se preparó algo de comer.
El silencio se hizo presente y recostados viendo el cielo presencie dos estrellas fugaces. Estábamos dentro de nuestros sleeping bag y no había nada que nos distraiga, tan solo era admirar la noche y admirar el saber que no era el único. Fuimos a dormir, fluyendo con la magia a nuestro alrededor. 
La mañana siguiente era diferente a otras, acariciado por el sol que tocaba mi carpa, la suave brisa que entró a saludar luego de que abriera el cierre y las melodías de otro lugar que envolvían mis oídos, hacían de esta mañana un suave despertar.
Desayunamos mucha fruta, huevos revueltos y pan. A las 12 nos fuimos de nuevo hacia la Laguna, Jaime y Mónica se quedaron y los demás nos fuimos a ver como el perro de Fede se ponía a nadar. El agua estaba fresca y el ambiente era caliente, yo mojaba mis pies mientras conversaba. Mi perro tenia calor y lo metí un poco al agua, no le gusta así que enseguida se regresó. En eso Belu entra a la laguna y se va hasta el medio, en eso los demás se empezaron a meter y luego de que la mayoría estaba adentro, me saque la camisa y empecé a nadar. A tan solo un metro ya no se hacia pie, pero igual nade unos 15 metros hasta donde estaban ellos. El agua se ponía más fría según avanzaba, no era turbia pero tampoco podías ver mucho a través de ella. Me fue fácil llegar, pero empecé a notar que mi capacidad pulmonar no era lo suficiente para hacerme flotar como si estuviera en el mar ya que al no ser agua salada costaba subir a la superficie. Fue todo muy rápido, pero no se necesita que algo sea eterno para que no haya vuelta atrás. Tan solo intercambie algunas palabras con mis amigos y decidí regresar, no pude decirles nada más porque sentía que si hablaba perdía más aire y mis pulmones no recuperaban lo que necesitaba para flotar. Di la vuelta y comencé a nadar hacia la orilla, todo mi cuerpo se congelaba y tensionaba. A pesar de que mantenía la calma me costaba todo. Era difícil bracear, mantenerme en la superficie y recuperar aire. Faltando unos 8 mtrs para la orilla no sabía como llegar, empecé a tragar agua, no mucha pero veía venir el como iba a terminar todo esto. En eso me doy vuelta y por cuestiones del destino o casualidad veo a Fede a un metro de distancia mía, pero no podía hablar, en donde usaba el poco aire que tenía para hacerlo, me iba a hundir. Sabiendo todo eso lo miro a los ojos y sin decir nada empiezo a mover los brazos, hundo mi cabeza bajo el agua y cuando salgo logro decirle las primeras sílabas de alguna palabra que hasta ahora no recuerdo si fue ayuda o me ahogo. Inmediatamente cuando mi cuerpo se hundió un poco sentí la ayuda de amigo que me agarró de la cintura para subirme a la superficie. En eso el estaba hundiéndose también y su perro más pequeño que nunca había nadado lo fue a salvar, pero al ver que ya era muy profundo se le subía a sus espaldas y le termino arañando todo y hundiendo más. Mientras sucedía todo esto, Mati había decidido regresarse porque también sentía que le faltaba aire y otra vez por destino o casualidad se encontraba cerca para ayudarme. Ahí empecé a sentir empujones que me ayudaban a acercarme a la orilla, también a alguien que me había agarrado y luego de seguir braceando logro sentir la orilla con mis pies y fue ahí cuando siento tranquilidad, pero se me bajo la presión, estaba mareado y todos me veían pálido. Cuando logro llegar a la orilla aún me costaba mantenerme de pie así que me senté hasta poder recuperar el aire. Todavía me costaba respirar, pero con un poco más de fuerza me fui bajo un árbol a descansar. Los minutos pasaban y empezamos a caminar hacia el campamento, sentía mi cabeza pesada y mis músculos contraídos, pero poco a poco me sentía cada vez mejor. Sabia que lo peor había pasado y les respondía con una sonrisa de que todo estaba bien. Ya en la Kombi y volviendo a Paracas, dormí un rato para recuperar energía y al despertar en Pisco ya me sentía mucho mejor.
 El día transcurrió normal y en la noche ya algunos se habían enterado de lo que pasó, así que fue tema de conversación por dos días. 
La noche no pudo terminar mejor. Sentados en un bar escuchando música y tomando cervezas con los amigos. El bar cerró y se podía estar adentro pero solo mis amigos quedaron allí, estar afuera apartado del ruido y creando nuestro propio ambiente fue mejor. Ya por la contaminación lumínica no podíamos ver las estrellas, pero nos pusimos a hablar y a conocernos aún más. Hoy ya despierto solo, pero con el recuerdo de lo que vivimos.








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