Encuentros que nos conectan








Luego de culminar una gran subida y pronto a disfrutar de una larga bajada hasta Saraguro, me detengo a descansar y observar el horizonte que debido a la gran altura se podía apreciar bastante bien. Mientras descansaba un auto pequeño hacia retro para acercarse a mi, un señor baja con su celular en la mano como para sacarme una foto y yo en ese entonces estaba arriba de una gran roca, bajo y comenzamos a charlar, me contaba que su hija estaba viajando por Argentina y que se estaba yendo para el oriente, me dijo que si quería ir a conocer, así que me puse a desarmar todo el equipaje de la bicicleta para que pudiera entrar todo, pero antes de que metiera la primer maleta me dijo que antes de salir de casa, le pidió a Dios, “que encontrara una persona para hablarle de ti” mientras me lo decía sus ojos se llenaron de lágrimas y agradecía este momento. Increíblemente ahí estábamos con las cosas y la bicicleta adentro, mientras hablábamos de nuestras vidas, el me contaba todo lo que había cambiado gracias a su fe. Viajamos horas hasta llegar a Gualaquiza, mientras se hacía de noche comencé a contarle mi historia de vida y fue una grata conversa hasta que llegamos a destino, me pago el hostal, una comida y unas cervezas. Desde ese viaje tan largo y por ir sentado luego de hacer una pedaleada muy fuerte, llevaba conmigo un dolor muy grande que no podía sentarme.
 Al siguiente día nos dirigimos para Loja, pero antes nos detuvimos en Zamora, estando ahí conocí a una pareja de mochileros, también pasamos un rato agradable. Hablamos mucho, me contaron que estaban un poco mal ahí en Zamora porque no encontraban hostal barato y en los que podían pagar no permitían perros y ella tenia uno que había rescatado en Argentina y además no se vendía mucha artesanía. Había pasado un rato tan agradable que ella me contó parte de su vida, el porque viajaba y mas cosas, que antes de irnos fui a buscar mis stickers y les regale a los dos, cuando Fernando, el señor que me estaba llevando, se fue al carro, me quede unos segundos más para decirles unas ultimas palabras, les dije lo que yo sentía y que yo quería ayudarlos con algo de dinero, antes de darles el dinero les dije que yo creía que debían aceptar esta ayuda porque no importa que no lo hayan ganado con el trabajo de sus manos, porque al hacer lo que hacen están trabajando con el corazón e inspirando a mucha gente. Nos dimos un gran abrazo y nos despedimos.

Esta experiencia me hace creer aun más que en el mundo somos iguales, que por más que haya diferencias en cada uno de nosotros, como . Ahí estábamos todos juntos hablando, cada uno con sus sueños, deseos, metas y sufrimientos. Esas cosas nos hace humanos.

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