Cruzar el túnel fue como renacer


1 de Septiembre del 2017, 

 El momento había llegado. Siendo las 5 de la mañana, aun sin sol, doy las primeras pedaleadas hacia mi nuevo destino, hacia ningún lugar, hacia donde me llevaran las rutas.
Mientras abría el portón y lo cruzaba, sentía libertad, me repetía a mi mismo, soy feliz.
Me dirigía hacia el Túnel de Guayasamin, aun con las luces de la ciudad encendidas por las obscuridad, me adentro a lo profundo del túnel para cruzar la montaña. Durante el cruce ahí adentro, mi excitación era infinita, la vía iba en bajada y no me costo mayor pedaleo, debía mantener un buen equilibrio para permanecer por el carril cerrado que impedía el paso a los vehículos y así resguardar mi seguridad. Al tomar gran velocidad, notaba como todo se desestabilizaba, el mínimo movimiento que hacia Mancha para acomodarse, lo sentía en todo mi cuerpo, no podía frenar con todo, porque la sola inercia en la que me dirigía me hacia tambalear, debía frenar poco a poco. Cuando ya todo iba más estable por unos minutos mi mente se puso a divagar, pensaba en todo lo que vivi en esta ciudad, las cosas que logre y todo aquello que dejaba atrás, no había estrés, no había miedos, no había nada que me atara. Solo estábamos mi perro, la bici y yo, cruzando un largo túnel que parecía interminable. A lo lejos ya lograba ver la luz del sol que iluminaba el ultimo tramo del camino. Cuando salí de ahí, me detuve al costado de la avenida y me dije a mi mismo, fue como volver a nacer. Todo a partir de ese momento sería nuevo, era como un niño que buscaba ser hombre para experimentar experiencias únicas. Porque un viaje así te cambia, te hace evolucionar, te hace adentrar a lo más profundo del ser.
El resto del camino era todo en bajada, al igual que el frío y los primeros rayos de sol, las emociones me acompañaban, todo iba perfecto, la parte con más nervios ya lo había superado y ahora empezaban las primeras subidas del viaje, con mucho esfuerzo y pedaleada iba superando cada una de ellas, el calor se empezaba a sentir fuerte dentro mío hasta que empezaba a transpirar. Una de aquellas subidas no lograba avanzar, cuando intentaba dar una pedaleada, todo el peso de la bicicleta me empujaba hacia el carril donde pasaban muchos autos y camiones, en plena curva, no me quedo de otra que empujar y descansar cada pocos minutos. El momento de fuerza había pasado, llegamos a un cruce de avenidas y apoye la bici en la vereda y a Mancha lo solté, porque empezaba a llorar, mientras corría libre en ese pequeño espacio de verde, el sol con su color más anaranjado que podría ver, atravesaban sus primeros rayos sobre mi rostro, ahí supe que cada esfuerzo traería consigo una gran recompensa, al igual que en la vida de cada persona que consigue un buen puesto de trabajo o las vacaciones de su vida. Todo será recompensado con su debido esfuerzo.
La salida de Quito no la veía llegar, entre subidas y bajadas, el aire puro de los arboles y el de los camiones que se mezclaban, estaba extasiado, era el primer día y el que más había pedaleado. Luego de que pasaran 3 horas sin parar, apareció frente a mi, una gran subida que fue inevitable no empujar, cuando llégo a la cima, veo a unos pocos metros otra gran subida! Decidí que era momento de descansar, con hambre, busque un lugar para desayunar, me dieron por 2,75 de dolar un plato de arroz con seco de pollo acompañado con leche y jugo, si, era el desayuno y creanme, me comí todo, con el estomago bastante lleno, deje pasar la hora para seguir descansando y me hacia la idea de la subida que venia. Luego de un rato, emprendo otra vez viaje y noté que la subida, no era tan subida, fue importante tomarme el tiempo para recuperar energías y seguir. 
En los próximos kilómetros todo fue mejor, ya me había acostumbrado al peso de la bici y a su equilibrio. Pasadas las 5 horas, me detengo a bajo de un puente que daba mucha sombra para pasar el medio día, el momento donde el sol pegaba más fuerte y aprovecharía para dormir.

Una vez descansado y lleno de energía, sigo viaje hasta encontrarme un lugar al costado de la ruta una escuela de policías, pregunte a los señores de ahí si podía pasar la noche y por motivos de que era un lugar solo de mujeres, no pudieron darme un espacio. Así que seguí pedaleando hasta que me encontré con un lugar que parecía abandonado y tenia un cartel viejo de algún ministerio, el lugar era grande y se lograba ver el Cotopaxi, al fondo habían unos arboles donde descanse en la sombra un rato hasta que decidí ver en lo que parecían ser oficinas abandonadas, si había alguien. Al no ver a nadie, tome la decisión de armar la carpa junto al lugar para que no me vean en la ruta. Me dirijo a donde estaba mi bici y mientras armo todo, noto que al otro lado de la ruta, había lo mismo, pero con tres personas adentro en la parte de arriba. Me quede esperando a ver que hacían, pero solo seguían conversando. El tiempo pasaba y decidí llevar mis cosas donde armaría el campamento. Cuando termino de armar todo, veo que se empiezan a retirar y un guardia, se pone al costado del camino mirando hacia mi dirección, obviamente venia hacia a mi. Así que no me escondí más y lo espere sentado en una sombra mientras el intentaba pasar. Cuando vino a mi, me levanto y lo saludo cordialmente y estrechándole la mano y contándole con breves palabras lo que estaba haciendo, me dijo que no podía quedarme porque era esto del gobierno, al comentarle que era solo por una noche y que venia viajando por el mundo, sus ojos se abrieron del asombro y me respondió que podía quedarme. Dijo que pasaría la noche ahí por si necesitaba cualquier ayuda. Así fue como con más tranquilidad pase la noche, a pesar de las luces y el ruido de los camiones que pasaban toda la noche y el viento que no paraba, descanse de maravilla.

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